Ese jueves 17 de julio

Ese jueves 17 de julio

Una crónica a base de más de una veintena testimonios, documentos, libros y el juicio a la dictadura sobre las últimas horas de Marcelo Quiroga Santa Cruz.
 
Abdel Padilla Vargas
 
Poco antes de las 7 de la mañana del jueves 17 de julio de 1980, los esposos Quiroga-Trigo se habían sentado a la mesa para cumplir con una rutina familiar: desayunar mientras escuchaban música clásica. De pronto, la ceremonia fue interrumpida por un reporte de radio Panamericana sobre un levantamiento militar en la ciudad de Trinidad, en Beni, la madrugada de ese día.
 
Una de las primeras reacciones de Marcelo Quiroga fue pedirle a su esposa, Cristina, que llame a su amigo y correligionario Cayetano Llobet, que vivía a unas pocas cuadras de su departamento de la avenida Arce.
 
A esa hora, Llobet felicitaba por teléfono hasta Santa Cruz a su hija Claudia, que cumplía 10 años. Ni bien colgó, sonó el aparato y del otro lado del auricular se escuchó la voz preocupada de Cristina.
 
“Me informó sobre un movimiento militar en el Beni, todavía no sabía si era un golpe o un ensayo”, recuerda Llobet, miembro en ese entonces de la dirección del Partido Socialista-1 (PS-1), movimiento político liderado por Marcelo. “No tardé ni 15 minutos en llegar a su departamento porque vivía a unas pocas cuadras, en una pensión de la calle Campos”, dice Llobet.
 
El evento que las radios reportaban desde muy temprano era el levantamiento de la unidad militar del Distrito Naval Nº 2 y de la 6ª División de Ejército, cuyos comandantes decidieron rebelarse contra el gobierno de Lidia Gueiler, convencidos por el propio comandante del Ejército, Luis García Meza, que dos días antes visitó la ciudad trinitaria para tal fin, según develó después la periodista Cecilia Lanza.
 
Del motín también se enteró por radio Juan Lechín, secretario ejecutivo de la Central Obrera Boliviana (COB), que casi como acto reflejo convocó a una reunión de emergencia del Consejo Nacional de Defensa de la Democracia (CONADE), que por esos días era la entidad que reunía a prácticamente todas las instituciones antigolpistas, sean sindicales, partidarias, cívicas o incluso religiosas.
 
La cita sería a las 10 de la mañana en la sede de la COB, que quedaba en el tercer piso del edificio de la Federación de Mineros de la avenida Mariscal Santa Cruz, en El Prado.
 
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